miércoles, 19 de diciembre de 2007

Un poco de Marxismo... y Arqueología


Para comenzar a hablar de lo que es la Arqueología social Latinoamericana, debemos partir por aclarar nociones básicas del marxismo y cómo éste fue aplicado a la Arqueología. Es por ello que comenzaremos por contar brevemente cómo se fue dando históricamente esta vinculación

Historia del marxismo en Arqueología

El marxismo toma como axioma principal la premisa de que el trabajo constituye el mediador fundamental de las relaciones sociales, siendo éste también, el motor de la dominación. Ello conlleva dos ideas centrales: primero, un desarrollo constante de las fuerzas productivas (instrumentos de trabajo) permitiendo de esta forma un aumento de la capacidad productiva del trabajo, y segundo, la existencia de una contradicción entre las oportunidades que ofrece este desarrollo continuo y las relaciones sociales de producción condicionadas por los grupos de poder. Este axioma, originalmente propuesto por Marx, fue tomado por diferentes arqueólogos a lo largo del siglo XX, con el objetivo central de otorgar un fundamento a sus concepciones de la prehistoria. Es así, como se desarrollaron temáticas tales como la formación del Estado, el surgimiento de la sociedad de clases, y la división social de labores.

Básicamente los arqueólogos marxistas entienden que mediante el estudio de la actividad económica ó productiva y del registro material que estas dejan, es posible entender determinada sociedad. Al concebir que la sociedad esta determinada por los modos productivos, los objetos arqueológicos funcionarían como reflejo de éstos, siendo por ello dignos de estudiarse.

Esta aplicación de la teoría marxista a la arqueología surge en razón de un contexto histórico que pretendemos explicar a continuación.

Remontándonos al pasado, podemos señalar que el primer arqueólogo que aplicó el materialismo histórico a la arqueología fue Gordon Childe (1892-1957), quien buscando “el origen de las civilizaciones” tocó temas propios del marxismo tales como la formación de las clases y de la desigualdad social, y del Estado. Bajo esta lógica, para Childe, el desarrollo de la historia se explicaría por los modos en que los hombres se organizan para subsistir. En este sentido el curso histórico se caracterizaría por el control creciente que los humanos van logrando sobre su medio a través de la cultura. Esta subsistencia se lograría mediante la utilización de un conjunto de instrumentos y conocimientos; la tecnología.

Posterior al desarrollo de las ideas de Childe, en Europa durante los años setenta, en medio de la Guerra Fría, comienza a surgir entre diversos autores un rechazo hacia los postulados de la ecología cultural y hacia el positivismo de la Nueva Arqueología (líneas teóricas de gran auge para esos años), dando pie para que comenzaran a pronunciarse arqueólogos que si bien empleaban conceptos propios del marxismo, rechazaban una arqueología explícitamente militante.

Podemos enunciar algunas ideas claves dentro de esta arqueología marxista anglosajona, las cuales son; existencia necesaria de un conflicto entre los agentes sociales, noción de “sujeto histórico” como ente activo, esto es; que posee intereses y que es capaz de luchar por éstos.

En España, la situación era parecida sin embargo la reflexión teórica estuvo abocada a las edades del Bronce y del Hierro. Al igual que la arqueología marxista anglosajona los españoles rechazaban el positivismo, y ponían especial énfasis en la importancia social e histórica de las condiciones materiales.

Sin embargo el marxismo aplicado a la arqueología no solo se desarrolló en Europa, sino que en Latinoamérica durante los años cincuenta, aunque más intensamente durante los sesentas, se vio surgir una “Arqueología Social”, en el marco de una situación política de influencia marxista compartida por la mayor parte de los países latinoamericanos.

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